Entíbiame la espalda
Siénteme como diáfana,
de ese juego casto
álgido en mis cábalas,
de un fulgor desconocido
nutriéndose en mis manos;
con el néctar del rocío
y elixires del alba...
nupcial ajuar en mi atavío,
hacedor, que embriaga mi alma.
Dualidad que desborda,
entre el ámbar de tu fuego
y los glaucos de mi llama,
escampados, detenidos,
cuando el pulso del amor
tiene un pasado que clama:
ser felíz en un nuevo destino.
Arrúllame en tus brazos,
deseo sentir tus latidos
cuando recorres mis venas
y te apoderas de mi estío.
Plégate a mis clámides,
de carmín y azucenas,
siénteme tuya, anhelada
como un bouquet de sueños
deshojándose en mi alcázar.
Incorpórate a los prestos
de sinfonías fantasmas,
consuélame en tu piel
de volantes notas blancas,
y descrúbeme en destellos
como a un esclavo cimbel,
misterios de mis versos,
armonía en rosas caldas.
Extráñame en tu sombra
con miríadas de magia,
disfrútame en aromas...
entíbiame la espalda.
Elen Lackner
Amiga de letras, cuanta sutileza e intenso contenido hay en tu poema, todo es magia y encanto en tus palabras, es un deleite oírlas o leerlas, tu poema al leerlo me hace brillar los ojos, como con el agua fresca de una fuente se necesitan pocos argumentos para beberla tampoco lo necesitan tus letras para leerlas, embelesas con tu corazon tan hablador, gracias por deleitarnos con esta maravilla, hago una reverencia ante tan hermosa creación, bellísimo poema lleno de encanto y magia, un deleite leerte, dices tantas cosas con solo elegir bien las palabras que con ellas te haces sentir aun sin hablar, que la inspiración te siga guiando.
ResponderEliminarJuan Piera